"Creo que todavía puedo mejorar la percepción que tengo de mí misma..."
Hay millones de anuncios sobre la
belleza femenina, debido indudablemente a los múltiples productos de belleza
que se venden en el mercado. Pero si hay anuncios que destacan por exaltar la
belleza femenina, no dudo en afirmar que son los anuncios de Dove.
Desde hace algún tiempo, Dove ha
dejado de vender un producto para vendernos una idea, una realidad: lo hermosas
que somos las mujeres. Son varios los spots que he visto de este estilo. En
ellos, generalmente aparecen mujeres que no se valoran lo suficiente, que ven
lo peor de sí, y se olvidan de lo mejor; pero Dove trata siempre de darle un
giro a esta visión, consiguiendo que salga lo mejor de esas mujeres.
Hoy he visto su último sketch. La
verdad es que es considerablemente largo, pero es hermoso, como cada una de las
personas que salen en él. En resumen, varias mujeres son llamadas por un artista forense, quien sin verlas trata de dibujarlas a través de la descripción que
ellas dan, y la que otra persona da de ellas. Al final, podemos ver algunos de
los retratos que el forense ha hecho, observando las considerables diferencias
que hay entre uno y otro.
Si veis el sketch, comprobareis
que es impactante ver la imagen que una mujer tiene de sí misma; una imagen más
fea, más triste… Es como si solo pensase en la carga emocional mala que lleva y
se olvidase de lo hermosa que puede ser. Además, comprobareis que la percepción que
otras personas tenían de esas mujeres, era realmente verdadera, porque sin
conocerlas, veían su belleza, lo mejor de su interior.
Tal vez, si todos nos sometiésemos
al mismo experimento, el resultado sería el mismo, ¿no creéis? Nosotros sacando nuestros mayores defectos. El resto, viéndonos como en verdad somos: hermosos.
Cuando me miro al espejo, lo único que veo es esa cara rechonchita, esos mofletes regordetes que llevan toda la vida ahí, asfixiándome prácticamente. Un rostro con dos cejas bastante pobladas, unos labios finos, rotos por el frío en el invierno; está mi nariz chata; ese lunar en mi mejilla derecha, cerca de mi labio superior; y no nos olvidemos de esos granos que me acosan constantemente. Veo esos ojos marrones, tan comunes en la gran parte de los entes humanos de mi alrededor; unos ojos chiquitos tapados por esas gafas azules que siempre llevo y que parece que nunca serán sustituidas por unas lentillas. También está mi pelo, siempre alborotado, sin orden ni concierto; antes marrón, ahora un vano intento por volverse pelirrojo.
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