¿Cuántas veces nos han criticado? ¿Cuántas veces nos han dicho: "estás gordo", "eres bajo", "eres feo", "que horror de granos", y millones más de defectos posibles e inimaginables? ¿Cuántas veces hemos dejado que todas estás tonterías superficiales nos afecten?
Lo cierto es que permitimos que la imagen nos afecte más de lo normal. Si alguien dice que estamos gordos, rápidamente pensamos que debemos ponernos a dieta. Si alguien pronuncia alguno de los temibles adjetivos: feo, horroroso, o similares, entonces estamos perdidos; en el caso de que se trate de una prenda de ropa, la solución es desterrarla al fondo del armario y reemplazarla por una nueva; pero como se trate de un defecto físico... Entonces estamos perdidos, al menos, durante una semana.
Las primeras imágenes son importantes, es algo indiscutible y desgraciadamente, inevitable. Pero, ¿dónde está límite de nuestros juicios a primera vista? Y cuando surgen los prejuicios, entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Juzgar, callar?
Sería una estupidez discutir sobre estas cuestiones. Lo más sencillo es hacer oídos sordos a lo que digan, sentirse orgulloso de lo que cada uno es, porque todos somos diferentes y eso es lo que nos hace ser únicos y especiales, aunque haya quien no lo comprenda.
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