La visión que la RAE nos da de la palabra desastre, como algo lamentable e infeliz, es bastante desalentadora. Aun así, yo creo que no es del todo acertada, al menos cuando esta palabra la utilizamos para autodefinirnos.
Conozco a un par de personas que son increíbles, que hacen cosas muy grandes por los demás y para los demás. Personas que realmente piensas en el prójimo, mucho antes que ellos mismos. ¿Cómo lo hacen? No lo tengo claro, pero me hago una ligera idea.
Estoy segura que ellos cuentan con Dios a su lado. Todo lo que hacen con su buena voluntad, lo hacen inconscientemente, para acercar a los demás a Él, al Padre. Y sinceramente, cuando los veo en acción, cuando veo cómo se preocupan por llevar a cabo mil y un proyectos, veo en ellos la fuerza del Espíritu.
Por ello, creo que es hora de darle la vuelta al significado de esta palabra. Porque ellos no son desastes, son personas maravillosas, llenas de luz, de alegría, de vida...
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