Éramos la brisa suave y la tempestad.
Éramos las dos caras de una moneda.
Éramos el cielo y la tierra.
Éramos el fuego y el agua.
Éramos todo y nada.
Pero ahora quiero ser la marea, y quiero que tú seas la corriente. Quiero que saques lo mejor de mí y al mismo tiempo lo peor. Quiero dejarme llevar hacia ti. Sobre todo, quiero amarte hasta que me duela y sé que si me duele será bueno.
El problema es que siempre dolió y nunca me di cuenta... ¿O tal vez no?
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